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EXPERIENCIAS DE VOLUNTARIADO III

POR SARA DE LA TORRE, SARA MELÚS, SARA CASTRILLO Y MARINA RICO

Hola, somos Sara de la Torre, Sara Melús, Sara Castrillo y Marina Rico, alumnas del primer curso del grado en Educación Primaria de la Facultad de Educación y Trabajo Social de la Universidad de Valladolid.

En octubre, tuvimos la asignatura de Educación para la paz y la igualdad y uno de los proyectos con los que contaba era participar en un voluntariado con una ONG. En nuestro caso, nos llamó mucho la atención cuando Mar vino a presentarla a la facultad, puesto que el trabajar la inclusión a través de la danza nos parecía de lo más interesante. Tras la realización del sorteo que se hizo en clase, tuvimos la suerte de ser las elegidas para colaborar con la Escuela de Danza de Valladolid y fue aquí donde comenzó nuestra pequeña aventura.

El primer día que llegamos a la escuela, nos encontramos con un grupo de 7 chicas, de entre 16 y 23 años, siendo sinceras, teníamos un poco de miedo porque al no tener la experiencia y conocimientos previos sobre danza no sabíamos cómo nos íbamos a desenvolver. Sin embargo, en muy poco tiempo, conseguimos ganarnos su cariño y confianza y convertirnos en un gran equipo.

Si nos mandaran resumir nuestra experiencia no se nos ocurre mejor forma de hacerlo que a través de un vídeo recopilatorio de nuestros mejores momentos y de una carta que surge de un conversación que tuvimos con una de las chicas, la cual nos impactó mucho y nos hizo darnos cuenta de la necesidad de trabajar la inclusión de todas estas personas en la sociedad y es esto lo que nos gustaría transmitir a través de estas palabras y de la visualización del vídeo. 

En una de las clases estábamos hablando todas y la frase que nos dijo nos dejó heladas sin saber muy bien qué decir, sus palabras textuales fueron: “Pero es que vosotras sois normales, nosotras no lo somos, somos down”. Imaginaros hasta qué punto la sociedad les ha hecho pensar esto que ya no es, por desgracia, únicamente la sociedad la que lo dice, sino que lo tienen tan interiorizado que lo que piensan algunas personas sobre ellas es verdad.

La carta en un principio estaba dirigida a Sara, la persona protagonista de la conversación anterior, pero sin duda, podría ir dirigida a cualquiera, pues deberíamos dedicar unos minutos a reflexionar acerca de algo que, de alguna manera, nos incumbe a todos:

«Querida Sara:

– ¿Normales nosotras? ¿Qué es lo normal? Entre nosotras no hay ninguna normal ni ninguna que no lo sea. Todas somos únicas, diferentes y eso es lo bonito. Te queríamos dar la gracias, a ti, el mayor terremoto habido y por haber. A Jessi, con su inconfundible ternura y bondad que tan bonita la hacen. A Olga, que aunque a veces no supiésemos que hacer contigo es imposible no haberte cogido cariño. A Patri, ojalá estar siempre muy bien como tú. Laura, tu sin duda nos subías la autoestima, ¡todo eran piropos contigo! Nerea, de ti tampoco nos olvidamos futura chef y pastelera. Y como no, a ti Sandra, que habría sido de nosotras sin tus abrazos, besos y halagos nada más entrar por el vestuario. Sin duda nos habéis abierto los ojos y cambiado totalmente el chip. Somos las mismas que hace dos meses se enfrentaban con, quizá, un poco de miedo a esta aventura y que a día de hoy no se quieren ir. Gracias por habernos acogido en el grupo, vuestro grupo, como una más, que es lo que somos. Porque los martes y jueves de 18:45 a 19:45 molaban mogollón, ya podíamos ir agotadas o sin ganas de nada que ya os encargabais vosotras de resetearnos con vuestras infinitas historias y aventuras. Nos sentimos las más afortunadas de haber podido compartir este tiempo con vosotras y a pesar de nuestra poca flexibilidad haber podido ayudaros un poquito. Gracias por todo lo que nos habéis enseñado, porque para vosotras no hay límites, nos lo habéis dejado muy claro. Y porque vuestra discapacidad es la capacidad de hacerlo todo con una sonrisa, queriendo comeros el mundo sin límites ni barreras. Nos habéis robado el corazón. Gracias.

No nos podíamos despedir sin dirigirnos a ti, Mar. Para nosotras has sido y serás referente, ejemplo de esfuerzo, lucha y superación. Gracias de corazón, por habernos permitido disfrutar de esta experiencia, te admiramos y te estamos infinitamente agradecidas«.

Gracias a la escuela de danza de Valladolid, a Mar y a cada una de las chicas por abrirnos los ojos y hacernos ver lo valioso de que cada uno seamos diferentes y lo mucho que tenemos que aprender los unos de los otros.

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